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Un tercio de harina y una miga de pan [Tony]

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Un tercio de harina y una miga de pan [Tony]

Mensaje por Eva Marie Lizbeth el Miér Sep 14, 2011 9:59 am

Levantarse a las tres de la mañana para hornear el pan, verter la harina, amasar, cocer y vuelta a empezar, una y otra vez hasta que despuntaba el alba. Con un vestido viejo y el mandil blanco siempre sucio, siempre pringoso. Al terminar bañarse, cambiarse de ropa, ponerse un vestido de diario y abrir la panadería. Hasta el mediodía lo atendía ella, luego dejaba a la chica de los Kargen al cargo, una chica de trece años muy responsable y de pocas palabras, y ella se cambiaba de nuevo, se ponía unos pantalones gruesos y estrechos, muy mal vistos por todo el mundo, pero que le resultaban muy cómodos y se iba al molino. No podía dejar solos a los jornaleros todo el día o acabarían siendo su ruina. Los hombres no trabajaban igual si nadie miraba, eran vagos, ruidosos y bastante desaseados. A su parecer como la mayoría de los hombres. Incluso su padre y su marido se lavaban solo lo justo. Y su prometido no se lavaba mucho más. Arrugó el ceño solo de pensar en el hedor a vino y coliflor que lo embargaba la última vez, cuando decidió que ya era hora de besarla. Tuvo que morderse el labio para no vomitar, pero también eso lo superaría. Como todo lo demás. Era un buen hombre, no dejaba de repetirse.

- ¡Cargad el carro¡, ¡bajar el arriete¡…esas mulas a los campos, el maiz no va a cargarse solo…!vamos, esa partida ha de salir esta tarde¡- comenzó a ordenar nada más llegar, aún no había comido más que un mordisco de pan recien hecho esta mañana y el estomago empezaba a quejarse y rugir pero aún tenía cosas que hacer antes de darse la licencia de sentarse a comer

Los hombres comenzaron a protestar, como cada vez que se les pedía algo y ella solo alzó las cejas, ya de por si estiradas, y se metió dentro. Echó de la silla al jornalero que la ocupaba y se dispuso a mirar los libros y comprobar los pedidos. Las cuentas no cuadraban, tantos sacos de harina, tantos usados por ella misma para hornear, tantos para vender en el mercado…debería haber al menos mil maravíes más en las arcas del molino, aún después de haberle pagado el treinta por ciento a la corona. Estaba segura de que alguien le estaba robando, ¿pero quién? Miró a los hombres que la rodeaban uno a uno, mientras cavilaba. La mayoría ya trabajaban allí cuando ella era pequeña y sus padres aún vivían. No le gustaban y alguno hasta le había hecho proposiciones alguna vez, pero en su mayoría eran como los perros, siempre pidiendo más pero pocos mordían, y menos la mano que les daba de comer. Frunció el ceño una vez más y pensó en alguno al que o le hubiese sentado muy bien el cambio de dueño, o incluso, en alguno que últimamente se viese con más efectivo del habitual. Pero el unico que se le vino a la mente fue el viejo George y estaba segura de que era leal. Tenía que haber otra explicación. Quizá un mercader que no había pagado su mercancía y se le había pasado por alto.

Decidió dejarlo por hoy, o al menos pensarlo con más calma y comer algo mientras. Quizá llenar el estomago también le sirviese para aclarar la mente y con ese pensamiento se fue a la cocina, se sirvió una larga jarra de ponche de maiz y unas tiras de tocino con huevos frescos y pan moreno y se permitió relajares un poco. Entonces, cuando estaba acabando la jarra, se acordó. Ya no estaba sola en el mundo…no. Ahora había un hombre al que pedirle consejo. Quizá él pudiese ayudarla. Alegre por el pensamiento se volvió a cambiar para ir al pueblo. Se puso un vestido de organdí que solo usaba en las fiestas, de falda larga y abullonada y escote bajo decorado con un complejo encaje color marfil y pidió que ensillaran su caballo, si es que podía llamarsele así al penco que le servía de transporte.

Con los libros de cuentas bajo el brazo llegó a la herrería y preguntó por Elmuth, pero no estaba allí, y cuando el mozo que le dijo que había salido para entregar unas armas le preguntó para qué le era menester y se lo dijo, tras la carcajada del mozo se le borró la sonrisa. Su prometido no sabía leer ni escribir. Empeñada en no dejarse vencer por el desanimo decidió que daba lo mismo. Ella podía leerle las cifras y él sabría lo que significaban, podía ayudarla igualmente.

Algo menos sonriente, sin embargo, decidió esperarlo y el mozo, un joven de no más de diez años que al parecer le hacía los recados al herrero le ofreció una jarra de hidromiel que rechazó porque se le subía siempre a la cabeza.

Era consciente de cómo la miraba la gente que pasaba por la calle pero nunca le daba importancia. Ella tenía otras cosas qué hacer y de qué preocuparse que de las estupidas invenciones de los ociosos.

Paso casi una hora y el herrero no había vuelto, empezaba a refrescar y ella no había bajado chal alguno con el que cubrir sus hombros, debería irse antes de que se hiciese de noche pero era muy terca para marcharse sin más. Seguro que su prometido la acompañaba de vuelta al molino si se dejaba caer la noche. Para eso están los futuros maridos ¿no?

Algo intranquila, no obstante, decidió entrar en la vivienda, y allí, al lado del hogar, con el fuego crepitando en las brasas y una jarra humeante en las manos se encontró al que era sin duda el hombre más apuesto que había visto nunca. Parpadeó varias veces antes de aclararse la garganta. Cuando es dio cuenta de que la estaba mirando estiró el cuello, levantó la barbilla y alzó una ceja con arrogancia. Intentaba disimular su pasmo anterior. Era, sin duda, uno de los hijos del herrero. Los había visto de pequeños y recordaba que eran como dos gotas de agua y que ambos poseían unos ojos impactantes y una sonrisa que podía paralizar a las lecheras en su puesto. Pero ella no era una lechera y pronto sería su madrastra.

- ¿Cuál de los dos eres tú jovencito?- quiso saber mientras avanzaba hacía él y le tendía la mano- Mi nombre es Eva Lizbeth …supongo que ya sabes que voy a casarme con tu padre…

El tono le había salido un poco más brusco de lo que pretendía, la idea era llevarse bien con los que serían pronto sus hijos, su responsabilidad. El chico no parecía mucho más joven que ella pero eso no la intimidaba.
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Eva Marie Lizbeth

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Re: Un tercio de harina y una miga de pan [Tony]

Mensaje por Antonin Stone el Vie Sep 16, 2011 9:58 am

Un día más que comenzar, aun le dolían los moratones de la pelea de la otra noche, pero había valido la pena, después de todo había conseguido el dinero, que demonios, a quien quería engañar, en ese punto ya le habría dado igual que aquel tipo hubiera tratado de estafarle y no le hubiera pagado el dinero que Toni había ganado honestamente, o al menos eso creían los demás, en aquella apuesta. Era algo de su gusto, pelearse, la sensación del desahogo que le recorría el cuerpo cada vez que golpeaba a alguien, le encantaba, y la noche anterior, aquella había sido su recompensa y la falta de aquel estafador, si, los moratones dolían y la ceja aun estaba partida con la sangre reseca, peor el otro bribón había quedado más mal parado que el.

Se estiro sobre la cama, la santa manía de su padre de abrir la dichosa ventana para una vez salido el sol forzarle a despertar siempre hacia efecto, los primeros rayos de sol habían comenzado a entrar por la ventana y golpear su cuerpo semidesnudo tendido sobre la cama, pero la molestia era los ojos. Cuando logro terminar de crujir cada uno de los huesos de su cuerpo se incorporo sobre la cama dejando los pies caer para sentir el frió suelo, se inspección el costado, aquel moratón había pasado de un color violacio a un verde amarillento, lo toco solo un momento, una simple magulladura, había conseguido golpes mejores en otras ocasiones, de esos en los que uno se quita el sombrero ante su oponente. Se puso de pie y se estiro por ultima vez antes de encaminarse hasta la silla donde la ropa le aguardaba y vestirse, luego se aproximo hacia el pequeño barreño que aguardaba lleno de agua, otra de las pequeñas costumbres de su padre, llevo las manos dentro del recipiente y se hecho el agua sobre el rostro, no podía negarlo, nada mejor que agua fresca por la mañana para definitivamente despertar bien, alargo el brazo en busca de el paño y se seco la cara, por fin se miro al espejo y inspecciono aquel corte sobre la ceja derecha, bueno estaba mejor, con las manos cepillo su cabello y con un mechón dejado caer sobre la frente cubrió el mal, así nadie tendría que verlo.

Bajo hasta la cocina y se llevo algo de comer a la boca, un poco de café y un mendrugo de pan, bueno quizás esa iba a ser una de las ventajas de que su padre se casara con aquella mujer, al menos tendrían buen pan en la mesa que llevarse a la boca. Sin pararse mucho tiempo salio de la casa y camino hacia la forja, hoy no había mucho trabajo, su padre ya hacia 2 horas que estaba trabajando.

Entro haciendo un saludo con un simple gesto de cabeza y se coloco el delantal de herrero listo para ponerse a la faena, solo un par de espadas y herraduras para unos caballos, no gran cosa pero suficiente por un día para Toni.

Unas horas mas tarde y ya con todo acabado sin mucho mas que decir se despide del mismo modo que a entrado horas antes colgando el delantal de nuevo en su lugar, ya había trabajado por hoy, era hora de divertirse o descansar, daba igual como se le quisiera llamar a aquel tiempo para el. Camino hacia la taberna y entro dentro, allí le aguardaban como cada día sus amigos, listos para comenzar la jornada con una buena jarra de cerveza negra, cuando entro se sentó en su sitio de costumbre donde su jarra ya le aguardaba y sin prisa alguna paso su rato ocioso allí sentado entre las voces con sus amigos, el olor que aquel lugar emanaba tan familiar para el, jamas se cansaria de esas cosas, jamas.

Cuando quiso darse cuenta, ya era prácticamente el ocaso, así que tras despedirse salio de aquel lugar y a tranquilo paso se encamino de vuelta a casa, pero antes de llegar a la esquina de esta se encontró con algo que le hizo retroceder unos pasos y mantenerse un tanto oculto tras la vuelta de la esquina, ¿seria aquella que aguardaba a la puerta de la herrería la molinera? Lo cierto es que no la había visto nunca, le extrañaba aquel hecho, no podía negar que era una mujer que no se le pasaría jamas por alto, se muerde el labio mientras la observa, parece una mujer serena y tranquila, su expresión le dice que es bastante individualista y que no le importa que a solo 3 metros de ella cuchichen mientras la señalan. Le dio un ultimo repaso con la vista desde su cabello negro fino, pasando por su mirada mas que penetrante y aquel atractivo que irradiaba, hasta aquellas ropas que favorecían su cuerpo.

No era momento de presentarse, con suerte se marchaba y no la veía, tomo un atajo y entro por la puerta trasera, subió hasta su habitación, se aseo un poco y cambio sus ropas para luego bajar de nuevo hasta la cocina, tomar un vaso y servirse un buen vino dulce para sentarse a la mesa, pero la soledad le duro poco, apenas unos tragos y la molinera estaba dentro de la casa. Se quedo mirándola sin pudor alguno determinando en su mente los puntos a favor y encontrá que tenia, el principal a su favor era que sin duda era bella, una belleza que junto a su misterio la hacia atrayente, habria continuado sumiso en eso si no hubiera sido porque aquellas palabras le hicieron salir de su mente y encobrar una de sus cejas incrédulo, jovencito, le acababa de llamar jovencito? No daba crédito a esas palabras, y fue entonces cuando recordó que quería tener unas palabras con ella, aun esperaba que padre le durara por muchos años y no le dejara todo el trabajo que la herrería suponía.

Se rió entre dientes y dio un trago largo al vaso hasta vaciar el contenido para luego dejarlo sobre la mesa y de nuevo devolverle la mirada mientras se ponía de pie y caminaba hacia ella y la inspeccionaba con la mirada, la rodeo mientras lo hacia y ella no se movió ni un ápice ni tan siquiera para mirarlo mientras la rodeaba. Finalmente paro frente a ella, sin duda el orgullo era un punto fuerte e importante para ella.

jovencito? De verdad consideráis que vos podéis dirigios a mi con esa palabra? -ahora que estaba atento y ante ella se percata de que es bastante menuda en altura y en general corporalmente- yo que vos trataría de buscar algo mas apropiado en vuestro segur grato vocabulario. Podréis casaros con mi padre, iros a la cama con el o con quien deseéis hacerlo, pero no intentéis ser mi madre, jamas lo lograreis, para eso deberías tener unos cuantos años más, al menos más de los que yo pueda tener.

La miro directamente a los ojos, y ella esta vez si le miro, sin siquiera pestañear, tenia un gran porte para ser una simple molinera

no creáis que tengo nada en contra de vos, al contrario me place vuestra presencia en esta casa -dijo mientras dibujaba una sonrisa traviesa en sus labios y la miraba de arriba a abajo- Solo deseo que mi padre dure por muchos años, así que si sentís la necesidad de acabar con el antes de llegara ese punto simplemente marchaos y regresar en unos años, sin duda podría guardar un puesto para vos en mi lecho

Dio media vuelta y se alejo caminando hacia la puerta con la intención de ir a su habitación, pero entonces callo en la cuenta de que había sido un grosero, no había contestado a su pregunta, asi que aun sosteniendo la puerta en sus manos se giro y hablo.

Si esperáis a mi padre, marcho al medio día, probablemente no regrese hasta mañana noche, tenia un largo camino para su entrega, y contestando a vuestra pregunta, Antoni, aunque dejémonos de recatamientos, podéis llamarme Toni, me gusta más, aunque estoy seguro de que si sois vos la que pronuncia mi nombre sonara bien sin importar cual sea. Nos vemos pronto espero, Eva.

De nuevo giro sobre si mismo y salio de la cocina con paso galante sin mirar atrás
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Re: Un tercio de harina y una miga de pan [Tony]

Mensaje por Eva Marie Lizbeth el Sáb Sep 17, 2011 8:20 am

El chico se levantó, sin responder a mi pregunta, como si no fuese con él, ya había supuesto, por los comentarios que se oian en el pueblo sobre los gemelos del herrero que aquello no iba a ser fácil. Al fin y al cabo tampoco es que ella fuese mucho más mayor o hubiese tenido antes algún tipo de experiencia como madre, aunque fuese putativa, pero estaba decidida a que aquello funcionase así que alzó la barbilla y no dijo nada mientras el chico la rodeaba.

Dando un respingo cuando escucha su voz, algo dura y ligeramente irritada, aún estiro un poco más el cuello, un mecanismo de defensa por la pulla. ¿Acaso importaba si era mayor que él o no? Iba a casarse con su padre, eso la convertía en su madrastra, quisiera él o no, y no iba a tolerar que no la respetase.

- Perdonad si os ha ofendido- comienzo en tono neutro, aunque no sé si me está escuchando porque sigue hablando- pero hay cosas que no se miden por la cantidad de veces que hallais celebrado vuestro aniversario. La cosa es que sí seré vuestra madrastra y vuestro padre ha insistido mucho en que es mi labor cuidaros y enderezaros.

Me está mirando a los ojos, trago saliva porque me incomoda, y si, me intimida un poco esa mirada tan terriblemente azul y precisa, me siento un poco pequeñita a su lado, me saca como una cabeza, pero nada de eso se reflejará en mi rostro. Le devuelvo la mirada alzando una ceja, como si estuviese más que acostumbrada a lidiar con jovenzuelos con mal carácter.

Lo que dice a continuación me deja patidifusa, antes de que pueda contestar da media vuelta y comienza a alejarse. Debería dejarlo ir, hablar con su padre al respecto y dejar que él lo ponga en vereda. Esa insinuación a la falta de salud de mi anterior marido me suena mucho, son las habladurías del pueblo, siempre he hecho oidos sordos a ellas pero nunca creí que tendría que enfrentarme a ellas en el mismo seno de la familia a la que iba a pertenecer. Podría dejar que su padre lo pusiese en cintura pero nunca he sido capaz de callarme o de dejar en manos de otros lo que me afecta personalmente. Estoy acostumbrada a hacerlo todo sola. Siempre he soñado con delegar un poco, pero mi propio carácter acaba traicionandome.

- ¡jovencito¡- mi tono sale duro y brusco pero cuando se gira no lo hace porque lo haya llamado.

Ha dicho que se llama Antoni. ¿Es mi impresión o ambos se llamaban igual? ¿Cuál era Antoni, el que se había metido en el ejercito o el que decían que se pasaba las noches en la taberna? Ni idea, pero al menos podía dejar de llamarlo jovencito. Al ver su espalda recta alejarse con ese aire de superioridad acabé de cabrearme y busqué algo con la mirada. Viendo la hogaza de pan duro encima de la mesa casi sonreí, nada más propio, agarré el cacho de pan y lanzandolo con buen pulso le arreé un leñazo en la cabeza antes de que cruzase la puerta. Cuando me mira con gesto hosco aprovecho para decirle cuatro cosas antes de que vuelva a monopolizar la conversación…si es que puede llamarse asi a sus exabruptos.

- Para empezar, no está en mi mano que tu padre viva o deje de vivir muchos años, te aseguro que si así fuese no sería tu padre el primero en abandonar este mundo…Antoni, pues, ya que así te llamas, no quieres una madre, bien, aunque está claro que la necesitas, por lo visto nadie te ha enseñado un minimo de educación, voy a obviar que no me habeis dado la bienvenida a la familia, y desde luego ese comentario completamente fuera de tono sobre vuestro lecho…pero no os permito que os dirijais a mi como a una de vuestras rameras…-al ver el gesto adivino que he acertado, este es el de las noches en las tabernas, sonrio solo un ápice y tomo aire- gracias por la información, supongo que es demasiado pediros que me acompañeis de vuelta ya que se ha hecho de noche, pero no os preocupeis, me las arreglo más que bien sola.

Y dicho esto soy yo la que da media vuelta y sale a la calle. No es la primera vez que hago el camino de noche, puedo perfectamente manejar el carro y la fusta a la vez y tengo bastante cuidado. Solo una vez tuve problemas al cruzar la linde del bosque, pero de esa también salí solo con un par de contusiones. Estoy pensando incluso, que, ya que todo el mundo me tiene por bruja podría aprovecharlo en mi beneficio.
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Re: Un tercio de harina y una miga de pan [Tony]

Mensaje por Antonin Stone el Sáb Sep 17, 2011 8:24 am

No me da mucho tiempo a nada, antes de alcanzar el umbral de la puerta algo me golpea en la cabeza, vaya chiquitina pero matona, me giro sobre mi frotándome la cabeza allí donde aquel maldito mendrugo de pan duro me había golpeado y solo la observo mientras habla, es gracioso, o al menos me resulta gracioso, tan menudita y tan mal genio, cualquiera lo diría, para que negarlo me gustan las mujeres con cierto carácter, ahora si lamento que este prometida a mi padre, es bastante perfecta para el, seguro que conmigo estaría mucho mejor. No espera que le de una respuesta, tomando mano de su genio y humor de perros sale a la calle, me quedo allí unos pocos segundos sonriendo aun frotándome la cabeza para luego tomar la capa negra que cuelga de el perchero junto a la puerta, amaba esa capa, quizás era lo que le hacia mas cercano a su hermano ahora que ya no pasaban tanto tiempo juntos como a ellos les gustaba. En un par de zancadas largas estaba fuera de la casa y se acerca hasta ella por detrás retirándole sin brusquedad alguna la fusta de la mano y tendiendo la otra para que le de las riendas mientras aguarda con una sonrisa.

Duda solo unos segundos, pero parece agradarle la idea de la compañía después de todo le entrega las riendas del caballo, apresuradamente las lleva a la misma mano que guarda la fusta y de nuevo tiende la mano para ayudarla a subir al carro, no había porque dejar de ser amable, después de todo ya le había dicho lo que pensaba, también parece dudar en si debe o no darle la mano y solo el hecho de pensar en ello hace que Toni dibuje una media sonrisa algo traviesa, una vez mas y a pesar de la duda acepta su ayuda y sube al carro, acto seguido Toni la imita subiéndose el al carro apartando su capa con gracia antes de sentarse, la mira dedicándole una sonrisa y agita las riendas para que los caballos hagan marcha.

El silencio en el camino apremia, solo se escucha el caminar de los caballos, un tanto pesado debido a su cansancio o mas bien a su vejez, el traqueteo del carro causado pos el va y ven de los baches en el camino y algunos grillos que cortan su música cuando escuchan que el carro se acerca pero que la reanudan cunado este los pasa. Nunca había sido tan dado al silencio, no era algo que se le diera bien, así que sin mucho mas aguante y tras ya unos largos minutos decide romper el silencio y llamar la atención de Eva, ahora y por extraño que resultara no quería molestarla, sino mas bien conocerla. Carraspea un poco haciendo que ella gire el rostro hacia el para mirarle y entonces de nuevo le dedica una sonrisa antes de hablar.

 -espero por vuestro bien que todo el pan que sirváis no sea tan duro como el que me hicisteis golpear en la cabeza, sino predigo que vuestro negocio no durara por muchos años – si bueno el ser un tanto borde era algo que le salia natural, solo quería hablar pero siempre acababa diciendo cosas que no debía, que mas daba- tengo una duda que me ronda la mente ¿porque seguís viviendo en el molino ahora que estáis prometida a mi padre? No tengo nada en contra de la soledad y la independencia, y aunque no lo creáis admiro vuestra soltura y ansia de trabajo, algo que no todos poseemos, pero no debéis aguardar apariencias de nada, no se quizá yo no comprenda lo que es estar solo después de todo he compartido la vida con mi hermano y no se llevarla sin el – aguada en silencio pero antes de que el de una respuesta y ahora que su animo de molestar a la gente anda mas bajo aprovecha la situación para hacer aquello que consideraba debía hacer- Lamento si os ofendí antes, no era mi intención, no hago las cosas pensando o queriendo, las palabras normalmente salen por mi boca de forma precipitada sin sentido, cordura o decencia alguna, trato de controlarlo pero aparentemente no lo logro. Tampoco creo que seáis una bruja ni que halláis sellado la vida de nadie, suelo hacer caso omiso a las habladurías de la gente, use eso en vuestra contra porque realmente era lo único con lo que podía atacaros, supongo que mi actitud equivale al coraje del perro solo se defiende uno cuando se siente atacado y usa lo que tiene a mano
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Re: Un tercio de harina y una miga de pan [Tony]

Mensaje por Eva Marie Lizbeth el Lun Sep 26, 2011 6:29 am

El muy imbecil me sigue, !me sigue¡ Si piensa que me voy a tragar que le ha naacido la educación de repente va listo. Hace mucho que no creo en duendes. Aún así me hace dudar cuando toma la fusta y se queda esperando las riendas sin decir nada. Arqueo una ceja, dudando. Pero el pronostico si vuelvo sola a esas horas no es nada bueno y el chico, al menos ahora, parece controlarse. Se las doy, con mano temblorosa, sin fiarme aún de lo que pueda hacer a continuación. Por suerte siempre puedo darle una patada en la ingle.

Ahora parece un perfecto caballero tendiendome la mano para ayudarme a subir, eso aún me escama más, hace mucho que conozco a los hombres y aún no me fío ni del primero, ese cambio brusco de actitud no puede ser bueno.

Me arrepiento de habersela tomado en cuanto mis dedos se cierran sobre su mano y siento un escalofrío que me obliga a mirarlo, alzando la vista solo para ver que lo encuentra terrinblemente divertido. ¿Me he puesto colorada? !Por Yandros¡ Creo que sí...lo castraré solo por eso.

Nos ponemos en marcha en cuanto se acomoda, he de decir que con gracia y elegancia aunque antes me haya parecido un bruto. El camino se recorre despacio porque los pobres burros no dan para más. Debí comprar un caballo, el negocio va bien, puedo permitirmelo. Pero, como siempre, compré el animal que parecía más deshauciado, porque siempre me recuerdan a mi misma cuando me quedé sin padres. Tengo que dejar de hacer eso, me reprendo. Y entonces él carraspea y giro mi cabeza para ver qué pasa ahora.

- Mi negocio va bien gracias- replico tensa aún antes de que termine de hablar, pero al seguir escuchandolo mis ganas de bronca disminuyen un tanto y continuo- no estaría bien que yo usase pan bueno para daros con él en la testa...

Y me relajo cuando persite en usar un tono más natural, hasta le sonrío un tanto, no mucho, no estoy acostumbrada.

- Me gusta vivir en el molino, y alguien tiene que vigilar a los jornaleros o el trabajo nunca se haría...ademas vuestro padre viaja mucho...

Eso y que no quiero mudarme aún. Me gusta mi independencia. Y no siento ninguna necesidad de ver al buen herrero a todas horas.

- no os preocupeis- acabo sonriendo de verdad cuando se disculpa- yo tengo el mismo defecto me temo...¿por qué os sentís atacado?...
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Re: Un tercio de harina y una miga de pan [Tony]

Mensaje por Antonin Stone el Lun Sep 26, 2011 10:18 am

Lo cierto era que ahora que hablaba sin tener que escupir veneno y mas calmada me parecia mas.... como decirlo, normal, de lo que yo esperaba, aunque aun puedas ver los rasgos de su caracter y eso me gustaba, ella era ella misma, y no habia mas vuelta de hoja, sin duda debia quitarme el sombrero ante mi padre por su buena eleccion, que podia decir ella era bastante sorprendente y mgnifica. Cuando me pregunta aquello rio cual estupido, pues es lo que soy, buena pregunta, ante que mierda debia defenderme? y mucho mejor porque me sentia atacado? no sabia exactamente, asi que solo encogi los hombros un poco mientars negaba con la cabeza antes de hablar

lo cierto es que no lo se exactamente, sabeis perdi la tipica figuara materna hace mucho, ni tan siquiera la recuerdo, siempre fuimos mi hermano, mi padre y yo, desde que logro recordar, y siempre fue una vida perfecta, quizas sea la necesidad de defender eso que me gustaria conservar ante la presencia de una extraña, alguien nuevo para mi -suspire y la mire de nuevo, parecia escuchar con atencion, poniendo real interes en mis palabras que no sabai si eran o iban a ser lo que ella esperaba escuchar- no os ofendais, pero no deseo una madre, no estoy en contra de que mi padre rehaga o mas bien comienze su vida ahoar que puede, es el hecho de que mi vida era lo suficientemente perfecta para mi y no me gustaria que cambiara, quizas sea eso de lo que me defiendo - tome aire y trage saliva antes de volver la vista al frente- no deseo ni necesito una madre, y sin animos de molestaros vos jamas sereis ella - mentia al decir que no recordaba nada de su pasado, quizas mas del que creia para la corta estancia de vida que paso con su madre, pero sabia que ella habia existido y era suficiente para el saber eso como para no desear lo mas minimo sustituirla por nadie-

La luna estaba hermosa aquella noche, casi llena reluciendo en lo alto de un cielo completamente despejado, se podian observar las estrellas, sentir el viento en la piel y si cerrabas los ojos un poco podias escucharlo susurrar entre los campos de trigo meintras mercia las ramas. Quizas habia sido brusco con ella y la habia juzgado mal sin conocerla, de hecho no le parecia nada de lo que la gente susurraba, al contrario la veia como una muchacha repleta de vida y fortaleza a la cual las circunstancias de la vida la habian tratado mal, quizas de eso el no entendia mucho, pero sabia analizar a la gente y ella sin duda no era nada de lo que los demas decian
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Re: Un tercio de harina y una miga de pan [Tony]

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